lunes, 10 de junio de 2013

Como Comer Cerezas

Las palabras y las cerezas, unas con otras se enredan.
Es típico que en los meses de mayo y junio las cerezas me seduzcan en las paradas de los semáforos de camino de la escuela a mi casa. Una bolsita llena de pequeñas cerezas de color rojo oscuro. El sol les da un hermoso reflejo en su piel lisa y suave.
Empiezo a saborearla en mi mente, imaginando su jugosa y crujiente pulpa. Hasta puedo sentir su dulce néctar en mi boca. Ya más adentrada en la imaginación me veo lavándolas bajo un chorro de agua fresca, tomo la más grande y oscura que encuentro por su tallo y la muerdo por la mitad, raspando la semilla antes de que mis dientes se encuentren. La otra mitad la meto a mi boca y separo la semilla de la pulpa, raspo la semilla hasta que la dulzura de la cereza se acaba, escupo la semilla, y tomo una más, y otra y otra. 
Cada vez que como cerezas recuerdo el día en que mi mamá salió de casa y nos dejó a mi hermana y a mí en el patio. Hacía mucho frío y no habíamos comido, llovía mucho y decidimos meternos a su casa de juguete para cubrirnos. Mi mamá había tardado más de lo esperado  y mi hermana se quejaba del hambre. No podía hacer nada. Así que metí mis manos a mi abrigo para mantener mis manos calientes y en un bolsillo tenía media bolsita de cerezas. Empezamos a comerlas, yo en silencio y mi hermana sólo preguntando “¿Por qué rayos tienes cerezas en el bolsillo”, le sonreí.
Me encantan las cerezas, desearía que fueran del tamaño de melones, aunque sería una lástima que no pudiera transportarlas en mi abrigo…
Castillo Corrales Nahomi Anali

No hay comentarios:

Publicar un comentario